PARLAMENTARISMO

Antes de 1989 nuestros Municipios eran gobernados muy bien por los Concejos Municipales. Erradamente desistimos de ellos, porque nos rendimos a la tendencia de reproducir al personalismo de la Nación, en aquel pequeño reducto de gestión Corporativa. Tal vez algunos por simple e irresponsable esnobismo; pero seguramente la inmensa mayoría, por la “necesidad” adictiva de caudillos salvadores que nos impongan su caprichoso despotismo comunitario.

Enamorados de un "salvador" que nos prometía Idoneidad Administrativa,  Gloria Patria y Redención Popular. En 1998 decidimos profundizar los errores existentes y abandonar los aciertos democráticos de entonces. Ahora tenemos un Sistema de Gobierno Presidencialista, Personalista, Autoritario, Corrupto y Anacrónico.

Nuestro principal problema político es y ha sido el personalismo. Se puso de manifiesto en el pasado democrático y de manera extrapolada en el presente autoritario. La Constitución del 99 destruyó la poca descentralización alcanzada en los noventa y sobre todo, profundizó la naturaleza personalista y presidencialista de nuestro sistema de gobierno.

El presidencialismo promueve decisiones orientadas a satisfacer caprichos con propósitos no siempre confesables. Conforma un escenario ideal para la conversión del ejercicio político en un problema de manipulación mediática y generación de mesianismo. Tiende a sustituir la democracia por el autoritarismo.

Las decisiones ejecutivas tomadas en presidencialismos tienden a distanciarse de procedimientos adecuados para la Toma de Decisiones y el respeto a los Procedimientos Administrativos. Facilita la vulneración de las Burocracias y de las Leyes que definen a los Servicios del Estado. Los Servicios del Estado terminan transformándose en meros instrumentos mediáticos del caudillo.

El total descalabro social de hoy, debe ser atendido por un cambio profundo en los Paradigmas de Gobierno. Nos es indispensable sustituir al Régimen Presidencialista por el Régimen Parlamentario. Poner al Parlamento en el centro del Estado y al Gobierno supeditado a él.

La atención apresurada y caprichosa es precisamente la manera menos conveniente de atender asuntos de interés público. Todos los asuntos públicos deben recibir la adecuada atención legislativa de rigor. Ningún problema social puede ser atendido acertadamente mediante acciones personalistas. Precisamente las acciones “apresuradas” terminan siendo anti-soluciones.

Las sociedades más democráticas y estables del mundo han descubierto en los regímenes parlamentarios una forma civilizada de gobierno. El Parlamentarismo les permitió dejar atrás las despóticas ocurrencias de gobernantes autocráticos.

Sobre el funcionamiento de los Regímenes Parlamentarios hay bastante experiencia internacional a partir de la cual descubrir e inventar las decisiones óptimas.

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